Directores de orquesta contra la desigualdad

Pese a los importantes avances logrados en materia social en América Latina durante los últimos tiempos, la región sigue siendo la más desigual del mundo. Se trata de un problema complejo que se caracteriza por una fuerte multicausalidad enraizada históricamente que implica abordar de manera coordinada problemáticas tales como la deserción escolar, la desnutrición infantil, el déficit habitacional, el empleo informal o el bajo ingreso de los sectores asalariados, entre otras.

Sin embargo, la elevada especialización funcional que caracteriza al aparato estatal latinoamericano (en particular en países federales como México, Brasil y Argentina) alienta la fragmentación de los problemas y el desarrollo de visiones parciales, ancladas en compartimientos estancos y, con frecuencia, competitivas.

Estas miradas reduccionistas que recortan el accionar estatal sobre la problemática de la desigualdad en líneas de acción paralelas, descoordinadas y hasta contradictorias, encuentran su origen tanto en la lógica político-institucional que otorga cuasi monopolios de acción temática a áreas ministeriales especializadas de manera discreta y angosta, como así también en la lógica de formación disciplinar de los expertos y profesionales que las ocupan.

La suma de muchos programas sociales no hace una política social (la “programitis” es una enfermedad frecuente en nuestras administraciones públicas). Para ir más allá de una simple agregación de intervenciones particulares de cada sector o nivel de gobierno, es necesario coordinar aproximaciones multidisciplinarias, transversales, capaces de reconocer el cambiante mix entre la especificidad de una causa (educación, salud, vivienda, empleo, ingresos) y su papel en el conjunto de determinantes intervinientes en la compleja problemática de la desigualdad.

En este sentido, la coordinación es un mecanismo de gestión pública que permite reducir contradicciones o redundancias y, por ende, mejorar la eficiencia y eficacia en el manejo de recursos (no sólo económicos, sino también humanos, organizacionales, simbólicos).

Así, es determinante el papel que juegan (o deben jugar) en cada uno de nuestros países aquellas instancias cuya responsabilidad central consiste en constituirse en el nódulo de un sistema de coordinación que asegure coherencia y complementariedad entre los distintos organismos públicos y sus políticas. Las tareas de coordinación de estas instancias deben estar orientadas a crear una lógica de funcionamiento para que todas las instituciones públicas puedan avanzar individualmente en sus ámbitos de incumbencias en función de sus propios intereses pero manteniendo un determinado nivel de coherencia y consistencia con las demás.

Desde un punto de vista metafórico, y tal como lo señaláramos en otro posteo http://www.novagob.org/blog/view/27383/se-buscan-directores-de-orquesta , podríamos decir que la función principal de estas instancias en cada uno de nuestros países se parece mucho a la de los directores de orquesta. Sin tocar ningún instrumento musical y con una batuta, de lo que se trata es de poner la energía en la coordinación de los distintos instrumentos para que la orquesta suene lo más afinada posible.  

Desde hace varias décadas se discute al Estado en términos de su tamaño. El debate actual debe otorgar mayor énfasis a la calidad en términos de los resultados e impactos de su accionar y de las políticas públicas. Y para avanzar en calidad la coordinación es un mecanismo clave.

0 Comentarios

Contesta

Licencia Creative Commons Red Social NovaGob, (cc) 2021.

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

o    

¿Olvidó sus datos?

Create Account