Premios 2020

El otro problema del empleo público español, o por qué no solo el sistema de selección tiene la culpa.

Sé que llevaba algunos meses sin publicar ninguna entrada, pero con el inicio del nuevo curso académico me he propuesto retomar mi actividad bloguera con algo más de entusiasmo – veremos cuánto me dura! – pero que nadie espere que sea tan sumamente prolijo como mis compañeros y amigos Amalia López, Conchi Campos o Víctor Almonacid, lo de ellos es algo sobre natural 😉

El día a día en la Diputación de Castellón desplegando nuestra Estrategia de Innovación, el arranque del esperanzador proyecto colaborativo de #InnovacionOnTour, mi reciente incorporación a los Grupos de Trabajo técnicos de la Comisión Sectorial de Administración Electrónica, y la participación en todo tipo de jornadas, congresos y actividades formativas me han privado del tiempo suficiente para pensar, estudiar y escribir tanto como quisiera.

Pues bien, lo cierto es que se habló (y escribió) mucho los últimos días antes de mis vacaciones de verano de un tema que a todos nos interesa, como es el modelo del empleo público en España y, principalmente, lo caducos que pueden llegar a ser los procedimientos de selección de los futuros funcionarios de las distintas Administraciones públicas, pero no os voy a repetir todo el argumentario, tranquilos, para eso ya está la blogosfera pública y algunas entradas realmente brillantes de mis compañeros que os apunto al final de este post.

Sin embargo sí me gustaría hacer una humilde aportación al mencionado debate desde una perspectiva más personal, desde el punto de vista de los aspirantes, de los opositores que pasan varios años estudiando para obtener esa tan ansiada plaza en el sector público. Como algunos sabréis, llevo más de diez años preparando a futuros empleados públicos que opositan a diferentes cuerpos y escalas tanto de la AGE. como de la Generalitat Valenciana, y os puedo asegurar que el perfil de todos ellos ha cambiado muchísimo durante estos últimos años.

Como algunos de vosotros, yo también fui uno de ellos, allá por el año 2001, invirtiendo tres años de mi vida – full time – en prepararme unas cuantas oposiciones a varios Cuerpos Superiores de la función pública española que con mucho esfuerzo aprobé. Pero con el tiempo me pasé al otro lado de la tarima y comencé a preparar en una Academia a esos tiernos recién – licenciados que con tanta energía devoraban los temas de todos los temarios.

Sin embargo algo ha ocurrido durante estos últimos años que ya nada ha vuelto a ser lo mismo…Y no sabría explicaros ciertamente qué puede ser, pero la cuestión es que esos jóvenes aspirantes suben desde la Universidad prácticamente desmotivados, sin ganas de luchar por una plaza cuando saben que las posibilidades son pocas, sin capacidad de sacrificarse día tras día, semana tras semana, fiestas, Navidades, veranos y todo lo que os podáis imaginar cuando el beneficio es «solo» una plaza en la Administración pública (SOLO!!!), sin apenas disciplina para seguir el orden lógico de una clase de preparación que puede durar una misma tarde hasta 4 y 5 horas combinando diferentes tipos de ejercicios y metodologías.

Y es una pena, la verdad, porque si al anticuado sistema de acceso a la función pública española además, ahora, debemos sumar a unos aspirantes con pocas aspiraciones…¿qué va a ser de nuestras Administraciones cuando se produzca la temida jubilación masiva de nuestros empleados públicos los próximos años?…

La clave, supongo que estará, como siempre, en la escuela y en la universidad: inculcar buenos métodos de aprendizaje, fomentar la automotivación, desarrollar habilidades profesionales más interesantes y, en definitiva, formar a personas en valores y principios lo suficientemente estables como para enfrentarse a cualquier tipo de problemas, por complejos que sean…pero ojo, esta es solo la humilde opinión de un simple funcionario.

Por favor, no descuidemos esta variable en nuestros debates, el problema arranca de mucho antes, porque los aspirantes ya no llegan en condiciones de competir en este u otro sistema de selección, por muy bueno que sea. Repensemos de cero el modelo educativo para construir sobre una buena base una modelo de función pública verdaderamente profesional al servicio de todos.

Un saludo y nos vamos leyendo.

Si quieres profundizar más en el escabroso asunto de que hemos hablado, solo tienes que leerte estas magistrales entradas de algunos compañeros y amigos:

Carles Ramió:

La sostenibilidad económica del Empleo Público

Francisco Longo:
Empleo público: la tentación de ir tirando

J. R. Chaves:
Reforma urgente del modelo clásico de oposiciones

Víctor Almonacid
La crisis del sistema clásico del empleo público español

Conchi Campos:

¿Obsolescencia programada de los empleados públicos?

Sergio Jiménez:
La brecha digital en los procesos selectivos de personal. Cuando las oposiciones entierran la tecnología

2 Comentarios
  1. Miguel López 3 años

    Estimado,

    yo soy un joven estudiante universitario y percibo que la mayoría de la juventud, por ahora, no se ve trabajando en una administración, o teniendo un empleo estable. Más bien pensamos en que vamos a ir «saltando» de puesto en puesto de trabajo. Creo que ello se produce porque hemos vivido gran parte de nuestro periodo de formación en valores (y educativo) en una situación en que la incertidumbre, el desasosiego y la resignación han sido bandera de las proyecciones que tenemos como común en el país. Si la crisis empezó en torno a los años 2008-2009, no dándose hoy por terminada, imagine el periodo que representa para la vida de un joven aspirante recién salido de la carrera, yo no pienso que sea una cuestión individual de actitud, por lo que puedo percibir, creo que es colectiva.

    Al final, desde un plano individual, si usamos una especie de metáfora deportiva, uno compite mejor si sabe que, haciéndolo bien, es decir, demostrando un buen, o un gran nivel, va a poder lograr su objetivo (en este caso lograr un puesto en una administración). Creo que conforme se hace más difícil el acceso a las administraciones públicas, por el descenso en la oferta de plazas, con más incertidumbre e intranquilidad se ve un futuro ligado a ella y con ello se lucha con menos ambición. Aunque siempre quedan luchadores en los momentos más inciertos, creo que mayores oportunidades en el futuro para acceder, y una proyección optimista a nivel país, partiendo del mejoramiento de condicionantes económicos y sociales, podrían motivar un mayor compromiso de los aspirantes. con uno u otro sistema de acceso como indicas en el último párrafo.

    Saludos

    • Autor

      Hola Miguel, en primer lugar muchas gracias por comentar la entrada. Y lo cierto es que tienes toda la razón del mundo cuando apuntas que es más una percepción colectiva que individual, pero lo peor de todo es que los que vivimos de cerca la preparación de los aspirantes al empleo público no sabemos cómo hacer para que «remonten el vuelo» la verdad a, y te puedo asegurar que lo intentamos.

      Espero que el tiempo arregle un poco las cosas fundamentalmente profesionalizando el acceso a la función pública e incentivando la selección de los mejores.

      Un saludo y gracias de nuevo.

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