Innovación pública: ¿con hígado o con melsa?

La estepa más fría del país engendra apóstoles de la vida dura, atletas del sustento ganado con esfuerzo. Así era la tía Leonor, en cuya casa mi madre, cuando niña, ayudaba de vez en cuando. Hiciera lo que hiciera -barrer, recoger la casa, encender la lumbre- a tía Leonor siempre le parecía que no se había empleado con suficiente intensidad. Su frase, emitida con voz tonante, ha quedado como un adagio imborrable en mi familia: “muchacha, hay que hacer las cosas con hígado, no con melsa”.

Aunque he tardado muchos años en aprender que “melsa” equivale a “bazo”, nunca tuve duda sobre el significado de la frase. Hay dos formas de hacer las cosas: la más habitual, con desidia, pereza y simple intención de cumplimiento formal, esto es, con melsa, frente a otra extraordinaria, con dedicación y ganas, con compromiso de que el resultado sea excelente, con todo el hígado.

En este artículo, empero, no vamos a mirar ahora a las que incumplen flagrantemente, sino a las que cumplen con melsa, con desgana. Que nadie se ponga nervioso: no vamos a señalar culpables, sino sólo síntomas. Para ello imagínese por un momento que es usted, por ejemplo, concejal de un área de innovación pública, modernización, gobernanza…, en fin, de las materias  que implican transformar la institución desde una posición transversal. En esa posición, le propongo una lista corta de programas, con un par de tareas cada uno, que usted debería estar ejecutando, de acuerdo a las leyes y al estado actual del arte.

 

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