Los nuevos dictadores mandan con puño de seda y mutan a lo que ellos denominan \»Democracia revolucionaria\»

La imagen estándar de una dictadura es un gobierno sostenido por la violencia. En los sistemas totalitarios del siglo XX, los tiranos como Stalin, Hitler y Mao asesinaron a millones en nombre de ideologías extrañas. Hombres fuertes como Mobutu Sese Seko en Zaire dejaron rastros de sangre.

Pero en las últimas décadas, una nueva marca de gobierno autoritario ha evolucionado y está mejor adaptado a la era de los medios de comunicación global, la interdependencia económica y la tecnología de la información. Los dictadores “suaves” concentran el poder, reprimen a la oposición, eliminando los controles y equilibrios, mientras hacen uso de casi cualquier violencia.

Estos líderes no liberales – Alberto K. Fujimori de Perú, Vladimir V. Putin de Rusia, Viktor Orban de Hungría, Recep Tayyip Erdogan de Turquía, Mahathir Mohamad de Malasia y Hugo Chávez de Venezuela y su heredero Nicolas Maduro – amenazan con cambiar el orden mundial a su imagen, sustituyendo los principios de la libertad y la ley con el cinismo y la corrupción. Los países de Occidente tienen que entender cómo es que estos regímenes funcionan y cómo enfrentarlos.

Algunos regímenes sangrientos o ideológicos se mantienen – como en Siria y Corea del Norte – pero el balance ha cambiado. En 1982, el 27 por ciento de las no democracias ejecutó asesinatos en masa. Para el año 2012, sólo el 6 por ciento lo hizo. En el mismo período, la participación de las no democracias sin legislatura elegida cayó a 15 por ciento desde el 31 por ciento.

Este cambio radical pudo haber comenzado con Lee Kuan Yew de Singapur, que combinó las instituciones parlamentarias con un estricto control social, detenciones políticas ocasionales y demandas frecuentes para acorralar a la prensa – pero también instituyó políticas de negocios amigables que ayudaron a impulsar un crecimiento astronómico.

Los nuevos autócratas a menudo obtienen el poder a través de elecciones razonablemente justas. Chávez, por ejemplo, ganó en 1998 en lo que los observadores internacionales llamaron una de las elecciones más transparentes de la historia de Venezuela.

Los altos índices de aprobación son el camino más expedito para el dominio del terror. El Sr. Erdogan aprovechó su popularidad para modificar la Constitución por referéndum y anular al Tribunal Constitucional de Turquía.

Los nuevos autócratas usan la propaganda, la censura y otros trucos basados en la información para inflar sus calificaciones y para convencer a los ciudadanos de su superioridad sobre las alternativas disponibles. Ellos pregonan un resentimiento antioccidental amorfo: El Sr. Orban de Hungría se burló de Europa, de sus “políticas correctas” y su disminución de la competitividad, mientras solicitaba ayuda a la Unión Europea para el desarrollo de su país.

Cuando sus economías van bien, tales líderes captan a críticos potenciales con recompensas materiales. En tiempos difíciles, ellos usan la censura. Los nuevos autócratas sobornan a los propietarios de los medios de comunicación con los contratos publicitarios, amenazan con demandas por difamación, y animan a los inversores aliados del régimen a adquirir medios críticos.

Dominan internet bloqueando el acceso a sitios web independientes, usan la contratación de “trolls” para inundar las páginas con comentarios a favor del régimen y pagan a hackers para vandalizar portales de noticias en línea de la oposición.

Las nuevas dictaduras conservan un bolsillo de oposición democrática para simular competencia. Las elecciones demuestran la popularidad del jefe. En Kazajstán, el presidente Nursultan Nazarbayev, fue recientemente reelegido con el 97,7 por ciento de los votos.

La tecnología de publicidad que se ideó para vender carros Ford y latas de Pepsi se vuelve a aplicar. Putin contrató a una empresa occidental de relaciones públicas de primera, la Ketchum, para que cabildeara por los intereses del Kremlin en Occidente. Otros reclutan a ex líderes occidentales como consultores – El Sr. Nazarbayev, por ejemplo, contrató a Tony Blair – o hacen donaciones a sus fundaciones.

Por encima de todo, los nuevos autócratas usan la violencia con moderación. Esta es su innovación clave. Hitler tomó el crédito por la liquidación de los enemigos. Mobutu ahorcaba a sus rivales ante grandes audiencias, mientras que Idi Amin de Uganda alimentaba cocodrilos con los cuerpos de sus víctimas. Asumir la responsabilidad era parte de la estrategia: Esto asustó a los ciudadanos.

Los nuevos autócratas no son aprensivos – pueden reprimir brutalmente a separatistas o a un grupo de manifestantes desarmados. Pero la violencia revela la verdadera naturaleza del régimen y a los partidarios los convierte en adversarios. Los dictadores de hoy niegan cuidadosamente cualquier complicidad cuando son asesinados activistas de la oposición o periodistas. Tome el caso de que el ex presidente de Ucrania, Leonid Kuchma. Una cinta en la cual ordenaba el secuestro de un periodista, Georgy Gongadze, que más tarde fue encontrado muerto, ayudó a alimentar la Revolución Naranja de 2004, que llevó a los rivales del Sr. Kuchma al poder.

Y la violencia no es sólo costosa – es innecesaria. En cambio, los nuevos autoritarios inmovilizan a sus rivales políticos con procedimientos judiciales sin fin, interrogatorios y otras formalidades legales. No hay necesidad de crear mártires cuando uno puede derrotar a los oponentes haciéndoles perder su tiempo. Agentes de Putin han empezado numerosos casos penales contra el líder de la oposición Aleksei A. Navalny: Ha sido acusado de defraudar a una compañía de cosméticos francesa, de robo de madera e interrogado sobre la muerte de un alce.

Los países de Occidente primero deben abordar su propio rol de permitir estos autócratas. Hacer cabildeo para los dictadores debe considerarse una infracción grave de la ética empresarial. Las democracias occidentales deben proporcionar transmisiones de noticias objetivas en lengua nativa para contrarrestar la propaganda y la censura. Y debido a las dictaduras basadas en la información son susceptibles a las presiones de la modernización y fracasos económicos inevitables, necesitamos paciencia.

Además de la propaganda, los ciudadanos obtienen información por sus cheques de pago – en el idioma ruso – que pueden elegir entre “la televisión o el refrigerador.

Este artículo fue escrito por Sergei Guriev quien es profesor de economía en Sciences Po, París y por Daniel Treisman quien es profesor de ciencias políticas en la Universidad de California en Los Ángeles. Publicado originalmente en idioma inglés en el New York Times como The New Dictators Rule by Velvet Fist.

Traduccion: Oscar Moncada Duarte.

Director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno. Mérida. Venezuela.

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