Nos desborda lo urgente por no haber hecho lo importante

«La mejor solución es preventiva, del mismo modo que usted hace deporte o come sano para que no le dé un infarto, algo que parece mucho más inteligente que llevar su salud al límite, dejar que lo peor ocurra, y luego someterse a una cirugía cardiaca de bypass.» (V.A.L.)

¿Alguien ha calculado el tiempo que perdemos en arreglar los entuertos que nos cuesta a posteriori el no haber hecho bien las cosas? Todos conocemos la máxima acción-reacción, pero en la Administración bien podría convertirse, por analogía, en funcionamiento-consecuencia.

Pero si se fijan , una buena parte de nuestra jornada diaria la ocupan los intentos de arreglo de los errores del pasado, un porcentaje de los cuales se debe aceptar como asumible (después de todo somos humanos, aunque un buen empujón de las actuaciones automatizadas también ayudaría en este sentido). Sin embargo, estos errores también derivan muchas veces de una nula planificación, una mala organización y/o un mal funcionamiento. Y no hablamos solo de procedimiento, sino de procesos, rutinas o cultura administrativa. Dicho de otra forma: el modus actuandi de algunas organizaciones públicas, su manera de hacer las cosas, es un caldo de cultivo perfecto para la generación de errores, problemas y conflictos futuros.

Reunión… ¿Será de las de “preparar el terreno” o de las de “arreglar marrones”? Mejor de las primeras, pero sea por lo que fuere, lo cierto es que siempre estamos reunidos

Y es aquí donde la administración electrónica, ese proyecto odiado por las tres “cos” (conservadores, cobardes y corruptos), tiene el mayor de los sentidos. Pongamos el ejemplo de la contratación. No se trata únicamente de que sea electrónica sino también, entre otras cosas, de preparar unos buenos pliegos que reduzcan la conflictividad en la fase de ejecución del contrato… Otro ejemplo es el del infumable silencio administrativo, que a la larga perjudica tanto al interesado (por los casos de desestimación presunta) como a la propia Administración (nuevamente, conflictividad). Y otro, por decir tres pero dejando constancia de que podríamos explicar trescientos, es el de la burocracia, que en estos tiempos de necesidad consiguen (triste logro) que personas con derecho a una ayuda o beneficio lo pierdan por no poder lidiar con el “papeleo”. Todo esto es muy importante, aunque parece que ahora lo único que importe sea ejecutar los fondos europeos. La ejecución de estos fondos se considera importante y urgente, claro, porque los tenemos que dedicar básicamente a la simplificación y modernización administrativa precisamente por no haberlo hecho en su momento. De ahí derivan las urgencias siempre en la Administración. Cuánto daño ha hecho “la prórroga de la prórroga” de la administración electrónica, que durante muchos años (no desde 2015 sino desde 2007) ha sido toda una invitación a dejar lo importante para más adelante, y qué bien hubiera venido tener los deberes hechos para afrontar la pandemia.

La ética pública, por supuesto, también cuenta. Hacer las cosas prescindiendo de la empatía necesaria con las personas, hacerlas con desinterés (algunos parece que trabajan para un “5 pelaó”), o simplemente procrastinar, no mejoran desde luego la calidad del servicio, y de ahí también derivan errores, problemas y demoras.

En realidad esto va de resiliencia organizativa, una expresión muy de moda pero que da la sensación de que se pronuncia y se escribe mucho más de lo que se entiende. La mejor solución es preventiva, del mismo modo que usted hace deporte o come sano para que no le dé un infarto, algo que parece mucho más inteligente que llevar su salud al límite, dejar que lo peor ocurra, y luego someterse a una cirugía cardiaca de bypass. Hasta que tomemos conciencia de esto, y dediquemos de una vez nuestro tiempo y energía a lo verdaderamente importante y no a lo supuestamente urgente, seguiremos teniendo reuniones interminables sobre cómo enfocamos un contencioso millonario para que no nos condenen, o cómo organizamos el servicio de atención al público para que no se formen colas kilométricas.

En resumen, si algo debemos recordar de la presente entrada sería lo siguiente. Tres cosas:

  • Si tenemos malos mimbres, produciremos malas cestas.
  • Mejor dedicar un poco de tiempo para diseñar una solución preventiva que mucho tiempo y dinero para arreglar un futuro entuerto.
  • Un pequeño error o una simple dejación tiene “efecto boomerang” y siempre vuelve, pero multiplicado por diez en forma de “marrón”.
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