Tecnología y Administración: un efecto dominó con poco efecto

Fue un placer participar como ponente en el XI Simposio de Actualización en Derecho Administrativo: “ECONOMÍA DIGITAL, EMPLEO PÚBLICO Y NUEVA LEY DE CONTRATOS DEL SECTOR PÚBLICO” que se celebró a principios de este mes  en Almería, junto a ponentes de la talla de Enrique Dans o Emilio Duró, y con una buena organización de la UAL (Universidad de Almería). Y para quien no pudo estar, hemos creído oportuno compartir la reflexión principal de nuestra charla: “El efecto dominó de la tecnología en la Administración”.Efecto-Domino

La tecnología, eso que da tanto miedo, ya existe. Citando algunas de las que más pueden impactar en la Administración -en el futuro, aunque las tecnologías son de presente-, podemos hablar de blockchain,big/small/open data, biometría, IoTAI, robots, bots, nanotecnología, etc…

A toda esta tecnología le vamos a llamar presente. Está demostrado que a los cinco años de su aparición (es un promedio), “reacciona” la empresa privada, incorporando dicha tecnología a sus servicios con la finalidad evidentemente de mejorarlos y ser más competitiva.

La inercia del movimiento de esta ficha de dominó provoca la reacción de la siguiente, la sociedad, que obviamente condicionada por los nuevos entornos que se le ofrecen reacciona con nuevos hábitos de consumo. Dichos hábitos pueden tardar otros cinco años en consolidarse, ya llevamos diez.

Lo que hace la gente le importa, y mucho, al legislador. El legislador -entiéndase, el redactor de las normas- no se caracteriza por su empatía social, intentando regular, en su confusión, nuevas figuras de derecho penal, o la ¿seguridad? de la Red, o los drones, o los procedimientos administrativos electrónicos con la eterna duda de si son seguros o si no será mejor, después de todo, continuar en papel. Se trata, dicho con cariño y el debido respeto, de un legislador un poco zote, que inserta de vez en cuando la expresión “medios electrónicos, informáticos y telemáticos” como si fuera el aceite aquel de “3 en 1”, dando la sensación de que solapa o confunde totalmente el significado de esas tres palabras. Hay un legislador, el europeo, que suele estar mucho más atinado, y de ahí viene lo bueno que tiene la normativa española, muchas veces poco más que un “copiar y pegar” de los Reglamentos y Directivas de la UE. Siguiendo con los “plazos de reacción”, el legislador nacional puede tardar otro lustro en regular las ¿nuevas? conductas sociales, incluyendo en estos cinco años la transposición (en realidad seguimos diciendo “copia”) del Derecho europeo.

Hay que esperar otros cinco años más, y ya van veinte, para vislumbrar la reacción de la Administración, la cual obviamente se ve obligada a cumplir la anterior normativa, que es la ficha que le hace ponerse en movimiento (¿no debería ser, más bien, la ficha de la sociedad?). Dentro de esos cinco años se incluyen los plazos máximos de las vacatio legis, los cuales se apuran al máximo, y ello en el mejor de los casos, no se crean.

Por tanto, la Administración es la última en reaccionar. Y cuando lo hace, la ficha de la tecnología ya se ha vuelto a mover, por supuesto, lo cual significa que pronto se verá abrumada por un nuevo efecto dominó, por una tecnología que percibe como una amenaza en lugar de una oportunidad para mejorar el servicio público, y con un sector privado y una sociedad que la aventajan en años, siendo por tanto la Administración un sector extremadamente lento y poco competitivo.

Mostró Enrique Dans antes de mi ponencia el vídeo de una niña muy pequeña descartando una revista “averiada”, después de desesperarse por no poder interactuar con las imágenes a través del sistema touch propio de la tablet (llegando incluso a plantearse si era su dedo el que estaba averiado). Se habla mucho del joven de 20 años que no tiene paciencia de aguantar una cola, o el formato papel, o la excesiva burocracia, para relacionarse con la Administración. Ese joven, que ya es un administrado y en principio lo seguirá siendo durante décadas, solo va a relacionarse con la Administración por medios telemáticos, y por su puesto desde su dispositivo móvil. La niña pequeña no, ni siquiera eso. La niña pequeña no se va a relacionar con la Administración… No lo hará a menos que le ofrezca algo más interesante que el sector privado y por lo que valga la pena gastar un segundo de su vida “haciendo click”.

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